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Escrito por ad   
Jueves, 04 de Marzo de 2010 17:59

x Felipe Alegría

El Gobierno Zapatero, sirviente del capital financiero, ha lanzado su primer gran plan de choque contra la población trabajadora.

Que el Borbón haya tenido la inédita actuación de salir a la palestra para llamar a un Pacto de Estado frente a la crisis, es el mejor reflejo de la tremenda gravedad de ésta y del grado de deterioro de la vida política española.El Gobierno Zapatero, sirviente del capital financiero, ha lanzado su primer gran plan de choque contra la población trabajadora, al tiempo que repite su estúpida cantinela de que “ya estamos saliendo de la recesión”.(Clicar al títol per llegir més)

 

 

 

Zapatero trata, con este plan,de “mandar un mensaje a los mercados financieros” y de ahuyentar el espectro griego de la suspensión de pagos. Mientras tanto, la agencia de calificación S&P ha cuestionado las previsiones oficiales y amenaza con rebajar la deuda española si no hay “actuaciones más agresivas y tangibles de las autoridades”. En junio el Gobierno pasará un nuevo examen.

EL FUTURO DEL EURO SE JUEGA EN ESPAÑA” (WALL STREET JOURNAL)

La crisis española es una pieza mayor de la crisis de la Unión Europea (UE) y en particular de la zona euro. El economista liberal Krugman reconocía hace pocas semanas que, más allá de Grecia, “el corazón de la crisis de la eurozona” es la crisis española. La misma opinión que sostiene Wall Street Journal, el órgano de prensa del capital financiero norteamericano: “El futuro del euro se juega en España”. Uno de los directores del Finantial Times, W. Münchau, escribía en un reciente artículo: “Puede que Alemania se muestre reacia a rescatar a Grecia por toda clase de razones, pero Alemania lo hará. Pero no es concebible que Alemania pueda rescatar a España. Alemania y Francia juntas no pueden rescatar a España. España es demasiado grande”. Y la cuestión, además, no es ni siquiera España, porque si ésta suspende pagos, arrastraría a Portugal, Italia, Irlanda o la propia Bélgica. El resultado sería el colapso del euro y de la UE y abriría una crisis de dimensiones desconocidas.

El gobierno, arropado expresamente por Botín, dice que España no es Grecia, que la deuda pública española es muy inferior y que está por debajo de la media europea. En realidad, actualmente es más pequeña que la francesa, la alemana o la inglesa y, desde luego, está lejos de las astronómicas deudas de Italia, Grecia o Irlanda. Pero el problema va mucho más allá del acelerado endeudamiento público, pues éste no es sino la punta del iceberg de un endeudamiento total (incluyendo a bancos, empresas y familias) que alcanza casi 4 veces el PIB español, sólo inferior al de Gran Bretaña y Japón. De toda esta montaña de deuda, cerca de la mitad es deuda externa, de la que el 60% corresponde a bancos alemanes y franceses, seguidos por los británicos. Esta deuda es la que sirvió para financiar la gigantesca burbuja inmobiliaria y para cubrir el enorme déficit comercial de estos años, del que se favorecían sobre todo Alemania y Francia.

En 2009 la economía española se encogió un 3,6% y el déficit público alcanzó el 11,4% del Producto Interior Bruto (PIB). Es una cifra enorme, motivada por las ayudas a los bancos y multinacionales, la drástica disminución de los impuestos recaudados y la factura del desempleo. La Deuda pública, que estaba en 39,7% del PIB en 2008, ha subido aceleradamente al 55,2% en 2009 y se incrementará, según el Gobierno, al 74,3% en 2012 (con pagos de intereses que superarán los gastos en desempleo). Aunque esta previsión sea manifiestamente falsa, porque se apoya en unas expectativas de crecimiento que no tienen base real.

El desempleo a finales de 2009 alcanzó a 4,5 millones de trabajadores, el 18,8% de la población activa (sin incluir el desempleo encubierto y el subempleo), afectando al 40% de los jóvenes y al 60% de la mano de obra inmigrante. En un año se han destruido 1,2 millones de puestos de trabajo (dos millones si contamos desde 2008). Y hasta el propio Gobierno augura que el desempleo se elevará hasta el 20% durante 2010.

¿DE QUÉ “PLAN DE ESTABILIDAD Y CRECIMIENTO “HABLAN?

El Gobierno habla de avanzar a una economía “sostenible”, que nadie sabe en qué consiste, mientras la economía española está hundida en una crisis muy profunda sin salidas a la vista.

En 1959, cuando el capitalismo español lanzó, en pleno franquismo, el durísimo Plan de Estabilización, pudo beneficiarse del boom de la posguerra en que vivía Europa, que absorbió sin problemas cerca de 2 millones de trabajadores obligados a emigrar (el 10% de la población activa de entonces) Las remesas de dinero que enviaban los emigrantes y los ingresos del Turismo, la nueva “industria blanca” que crecía, sirvieron para financiar el fuerte déficit comercial. Y hubo también una amplia apertura a la inversión extranjera. El proceso de industrialización que siguió y la construcción de millones de viviendas que le acompañó, lograron absorber a 4,5 millones de personas que salieron del campo a los suburbios de las grandes ciudades industriales.

Hoy no disponen de uno sólo de estos recursos. Y tampoco pueden, a diferencia de la crisis de los años 90, recurrir a un nuevo endeudamiento masivo y a crear nuevas burbujas inmobiliarias. A diferencia de entonces, el capitalismo español no puede apoyarse en ningún “boom” internacional y está atado de pies y manos a una economía europea y mundial sumida en la crisis más grave desde la Gran Depresión de 1929.

Los fundamentos de la economía española son tres sectores en plena crisis, y sin que haya otros de recambio. El primero es la Construcción, que representó en 2007 el 11% de la economía y el 13% del empleo y que absorbió el 60% de los préstamos bancarios. Desde finales de 2007 más de un millón los trabajadores han sido expulsados del sector, que vive un verdadero colapso, con 1,5 millones de viviendas nuevas sin poderse vender y que sólo comenzarían a tener salida con una desvalorización masiva, que llevaría automáticamente a la quiebra a la banca española.

Un segundo pilar económico, el turismo, está particularmente afectado por la crisis europea. El turismo británico, por ejemplo, que es uno de los más fuertes, ha bajado un 30% en 2009 y las perspectivas para los años venideros no van a mejorar. Y tenemos, por último, el sector del automóvil, totalmente controlado por multinacionales extranjeras y eje de la industria española, que representa cerca del 10% del PIB, más del 10% del empleo y cerca de una cuarta parte de las exportaciones españolas (8 de cada 10 automóviles son exportados). Este sector está aquejado de una impresionante sobreproducción mundial y ha aguantado 2009 gracias a las ayudas masivas de los gobiernos.

La banca española, hasta ayer “la mejor del mundo”, está totalmente atrapada por la crisis inmobiliaria y la morosidad, que se prevé que alcance este año el 10% de los préstamos. Hay, según el Banco de España, 325.000 millones de euros de crédito a promotores inmobiliarios repartidos entre bancos y cajas de ahorro. Hasta ahora las entidades financieras han ido prolongando los préstamos que vencían y que los promotores no podían devolver o se han ido quedando con las promociones inmobiliarias, pero esta situación no puede alargarse indefinidamente y las provisiones de los bancos (los fondos que destinan para cubrir pérdidas) son mínimas ante la magnitud de una deuda que no pueden recuperar.

Un hecho fundamental que va a agravar la crisis bancaria es el fin, el próximo mes de junio, del crédito ilimitado y barato que hasta ahora viene ofreciendo el Banco Central Europeo (BCE) a las entidades financieras (al 1% y a devolver a un año). Esto va a provocar grandes dificultades a los bancos españoles para refinanciar sus enormes deudas en el exterior, encareciendo los préstamos y agravando la sequía del crédito a las empresas pequeñas y medianas. Se espera que diferentes Cajas de Ahorro, atrapadas por deudas inmobiliarias incobrables e incapaces de hacer frente a los elevados intereses que les exige el Fondo de Rescate del Gobierno, van a entrar directamente en quiebra y serán intervenidas por el Banco de España. El dinero para “salvar” estas cajas será dinero público que alimentarála Deuda, pero los beneficiarios serán los grandes bancos, en particular el Santander (cuyos activos superan el PIB español) y el BBVA, que tampoco escapan a la crisis (han perdido, en lo que va de año, un 16% yun 25% de su valor en Bolsa).

 

UN PLAN DE EMPOBRECIMIENTO DE LA CLASE OBRERA QUE VA A IR A MÁS

 

El Gobierno, al que ya nadie cree, habla de que comenzará a crearse empleo este mismo año, aunque no dice dónde ni cómo. Pero el objetivo del asustado Zapatero no escrear empleo, sino asegurar que el capital financiero español y extranjero siga embolsándose sus beneficios y manteniendo sus escandalosos privilegios. Para lograrlo, el Gobierno ha lanzado su primer gran plan de choque para desangrar y empobrecer a la clase trabajadora y los sectores populares.

Los componentes del plan de ajuste de Zapatero son: un plan de austeridad para recortar en más de 50.000 millones el gasto público de aquí a 2013, una brutal embestida contra las pensiones públicas, un nuevo impulso a la privatización de los servicios públicosy una nueva reforma laboral, que el gobierno quiere pactar con la burocracia sindical a través del llamado “diálogo social” (ver recuadro). Forma parte indirecta del paquete el pacto de congelación/rebaja salarial recientemente firmado por la patronal CEOE y los burócratas sindicales de CCOO y UGT.

Pero hay que ser conscientes que el actual plan de choque es sólo el principio. El Gobierno, los bancos y los inversionistas extranjeros saben que las previsiones oficiales son imposibles porque va a seguir la recesión y va a aumentar el desempleo y la deuda pública. Saben que el Gobierno tiene que ir mucho más lejos. Y saben también que no tardará mucho para que, en aras a “salvar la credibilidad de España”, se anuncien nuevas y más salvajes medidas, mirándose en el espejo griego.

"Ese no es un plan, sino un anuncio" escribían en Wall Street Journal refiriéndose al plan de Zapatero, y añadían: “los españoles aún no comprenden que su cómoda forma de vida, respaldada por el Estado, está por cambiar”. Economistas como Krugman y analistas a sueldo de las grandes finanzas internacionales, han dicho ya que para “salir de la crisis” los salarios españoles deberían descender una cuarta parte. Estamos, en realidad, en el inicio de una ofensiva de largo alcance para hacernos retroceder décadas.

LA CRISIS ECONÓMICA SE TORNA CRISIS POLÍTICA

La gran banca y las grandes empresas, encabezadas por Emilio Botín, han salido a defender a un Gobierno débil y vacilante, urgiéndole, a la vez, a que actúe “rápido y con decisión” pues “el tiempo se acaba”. La crisis económica ha dado paso a una aguda crisis política, de la que es muestra la reciente sesión extraordinaria del Congreso de Diputados para buscar un “pacto de Estado” ante la crisis. El Gobierno, hundido en un enorme descrédito, implora al PP una tregua temporal y le pide escenificar la “unidad nacional” “ante los mercados financieros”. En el debate, el “discurso de Estado” corrió a cargo de Duran i Lleida, esa voz reaccionaria y vaticanista del nacionalismo catalán, que llamó sin tapujos a la guerra social: “Que no nos obsesione la paz social, porque si ésta nos lleva a la ruina, no habrá paz social. Hagamos lo que tengamos que hacer, juntos, cuanto antes”.

Pero la derecha posfranquista del PP (inmersa en un mar de escándalos de corrupción), consciente del desgaste de Zapatero y de que lo peor está por llegar, no se ha prestado al juego. El PP ha prometido apoyar las “medidas aisladas que vayan en la buena dirección, aunque sean impopulares”, pero se niega en redondo a compartir ninguna responsabilidad política con el Gobierno y le va a poner las cosas muy difíciles para disciplinar a las Comunidades Autónomas. Sin exigir todavía la dimisión de Zapatero, lo empujan a la derecha yse reservan como alternativa de gobierno para llevar más lejos el plan de choque, esta vez sin las ataduras (y sin los parapetos) de la burocracia sindical. Es justo lo que Wall Street Journal reclama (tras salir en defensa de la brutal actuación del Gobiernocontra los controladores aéreos): “Si España quiere salir de la crisis y evitar la suerte de Grecia a ojos de los inversores de bonos, va a tener que cortar las alas a algunos sindicatos más”

 

AUMENTA EL DESCONTENTO

Las medidas del Gobierno, en particular la del retraso de la edad de jubilación, ha encendido la indignación popular y aumentado el descrédito del Gobierno y, con él, el de la “clase política” del régimen. Pero ahora, tras un año y medio de fuerte desmovilización obrera y popular, rotas ya las esperanzas en una próxima recuperación y ante el alud de ataques que se vienen, parece percibirse el inicio de un cambio en el estado de ánimo de los trabajadores. Éste se refleja en encuestas que muestran que más del 50% de la población es partidario de una huelga general contra el retraso de la jubilación, en las luchas aisladas que van saltando en los diferentes lugares, en la huelga general de la Sierra de Cádiz, en la reacción espontánea de los trabajadores de SEAT ante el despido del personal indirecto, en las broncas contra los burócratas sindicales o en las propias manifestaciones del 23 de febrero contra la reforma de las pensiones, convocadas a su pesar por la burocracia de CCOO y UGT.

Pero hay que destacar también, al mismo tiempo, el fuerte aumento del racismo y de la xenofobia entre los sectores populares más castigados por la crisis. Esta ola de xenofobia está alimentada desde el propio gobierno, que recorta los subsidios sociales y criminaliza a los inmigrantes, desde la derecha posfranquista del PP, campeona de la “mano dura” o desde las formaciones nacionalistas burguesas como la catalana CiU.Los recientes brotes de violencia (El Vendrell, Salt…) muestran los graves peligros que encierra la actual situación.

El gran obstáculo a la movilización obrera sigue siendo la burocracia de los principales sindicatos, CCOO y UGT, que es, ahora más que nunca, el principal sostén del Gobierno Zapatero.Han pactado con la patronal una congelación-reducción de salarios hasta 2012; han entrado en el“diálogo social” (proyectado para abaratar despidos y salarios y para precarizar más el empleo); aíslan y ahogan las luchas que surgen y se oponen resueltamente a la huelga general.

La indignación que provocó el brutal anuncio del retraso de la jubilación, ha empujado a CCOO y UGT a oponerse a la medida y les ha forzado a convocar las manifestaciones del 23 de Febrero. Diseñaron la movilización para que tuviera un alcance limitado y, mientras tanto, prosiguieron sin inmutarse el “diálogo social” con el Gobierno y la patronal. La intención de la burocracia no fue enfrentar a Zapatero, sino canalizar el descontento para después negociar con el Gobierno. Sin embargo, éstas manifestaciones han sido las primeras movilizaciones convocadas por las centrales mayoritarias contra una medida del Gobierno y han abierto la primeragrieta seria entre Zapatero y la burocracia sindical. Una grieta que, por el problema de las jubilaciones no se ha cerrado, y que podría ampliarse ante nuevas medidas de choque del Gobierno, que la burocracia no podría justificar abiertamente sin quedar en completa evidencia ante los trabajadores.

Uno de los mayores dramas de la clase trabajadora es la falta de una alternativa sindical de izquierda, que se expresa en el enorme retraso en la organización y coordinación del sindicalismo combativo, atravesado porfuertes particularismos nacionalistas (los sindicatos LAB y ELA, por ejemplo, tienen un calendario vasco “propio”) o por asentados prejuicios corporativos. Llama también la atención que, con la que está cayendo, la mayoría de la izquierda política se dedique, bajo la bandera del “altermundialismo”,a impulsar calendarios de movilización artificiales alrededor de las cumbres ministeriales del semestre europeo que no interesan a nadie.

La gravedad de los ataques del Gobierno y la patronal, el descrédito popular de Zapatero y el cambio que comienza a percibirse en el espíritu de la clase trabajadora, hacen que, a diferencia de hace unos meses, la consigna de unidad obrera y huelga general contra el retraso de las pensiones y el plan de choque del Gobierno, se coloque ya en el escenario. No podemos decir aún “Abajo el Gobierno”, pero sí explicar que, si no lo echamos los trabajadores con una huelga general, va a ser la derecha del PP quien lo haga,, irremediablemente, en unas elecciones marcadas por una altísima abstención popular. Pero cambia mucho si el Gobierno cae de una forma o de otra. Si lo echamos los trabajadores, se ponga después el gobierno que se ponga, tendrá delante una clase obrera resuelta a defenderse, pero si lo echa la derecha, ésta lo tendrá mucho más fácil para proseguir y profundizar el plan de choque de Zapatero. Nos negamos por eso a aceptar el argumento-trampa según el cual no hay que atacar al Gobierno Zapatero, porque así favorecemos a la derecha, como si estuviéramos eternamente condenados a optar entre estos dos partidos del capital. Por lo demás, es sólo al calor de la lucha masiva que vamos a poder construir una alternativa de clase en lo sindical y en lo político.

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Última actualización el Jueves, 08 de Abril de 2010 15:04